Comunicados pero Aislados


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“Nos hemos transformado en islas urbanas con antenas…”

Sin duda lo que hoy observamos y protagonizamos muchos de los humanos en las urbes no es nuevo del todo, sino simplemente lo que ha cambiado es el objeto de nuestra atención.

Hablamos del fenómeno de la comunicación a través de las nuevas tecnologías, hoy al alcance de casi todos los que habitamos estas ciudades.

Por un lado la inmediatez para estar “en contacto” con personas de casi cualquier punto del planeta, y por el otro la posibilidad de hacerlo desde todo lugar y en todo momento incluyendo obviamente nuestros, a veces, largos desplazamientos, junto a la “ventaja” adicional de poder “pintar” nuestros estados de ánimo e incluso, en algunos casos, modificar nuestras verdaderas identidades. Todo esto ha exacerbado de forma exponencial este fenómeno. Pero el problema no es ni por asomo una cuestión tecnológica.

Y es que el origen de la cuestión continua siendo el mismo: nuestra torpeza para comunicarnos con los que nos rodean, nuestro desinterés por hacerlo, nuestro exagerado individualismo, nuestra desidia.

Vivimos (casi literalmente) sumergidos en nuestros smartphones y tablets, mientras la vida real nos pasa por al lado sin percatarnos de ello. Y al decir vida nos referimos a todo lo que hay en ella: la belleza, la contemplación, el asombro, el amor, la amistad, las oportunidades, pensar, sentir, disfrutar…

No vemos nada, no oímos nada, estamos “comunicados” pero tremendamente aislados entre nosotros…

Paul Haggis en su película Crash (Lions Gate Films, 2004) nos dice:

“Es la sensación de contacto. En cualquier ciudad que camines, rozas a la gente, la gente choca contigo. Pero en Los Ángeles (o cualquier otra gran ciudad) nadie se toca, siempre estamos detrás de metal y de cristal… Es la sensación de contacto… Y añoramos tanto ese contacto, que chocamos contra otros para poder sentir algo… …Buscamos una respuesta…
…Seguimos adelante…
…Nos agrupamos…
…Nos desmoronamos…
…Cuando te mueves a la velocidad de la vida…
…Acabas por chocar con los demás…”

Este proyecto fotográfico pretende situarnos como observadores frente a un espejo. Un espejo que refleja una importante parte de tiempo de nuestras vidas como comunidad de seres humanos, y que transcurre en la mayoría de las ciudades modernas del mundo. A través de esta muestra, y desde ese lugar de observadores, podremos sentir, cuanto menos, alarma. Pero quizás también algunos de nosotros podríamos creer que se trata de un cuadro patético de lo que hoy somos como sociedad y como individuos que formamos parte de ella.

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